Exterior de la Interlock House. Gentileza de Charles Davis Smith.
David Birt, el director de MF Architecture a cargo de la Interlock House, vio cómo incluso con una variación especial y con el permiso de la Junta de Regulación del ayuntamiento, la empresa solo podía añadir unos 46 metros cuadrados a los aproximadamente 74 metros cuadrados de la vivienda original. Este hecho obligó a aplicar la ingeniería de opciones para dar con la función, la experiencia y la circulación adecuadas. Y, en términos de sostenibilidad, la empresa agregó tragaluces, claraboyas y puertas y ventanas de cristal de altura completa adyacentes a aleros y voladizos para proteger la vivienda del exceso de luz y calor solar. Asimismo, los colores y los tonos de los materiales, elegidos con la colaboración de Katie Marye, del Studio Tupelo, fueron deliberadamente brillantes para que reflejasen la luz diurna directa e indirecta en todos los espacios.
«El flujo funcional fue diseñado de tal forma que se accede a la vivienda a través de una servidumbre de paso adyacente para luego pasar al comedor, que funciona como vestíbulo», explica Fajkus. Al entrar en el salón y caminar hasta detrás del sofá, se accede a un espacio funcional que incluye la puerta corredera de acceso a un pequeño habitáculo que funciona como despacho. Este conduce a un pasillo que es corto pero cuenta con abundante luz natural. El objetivo pasaba por realizar una serie de mínimas pero ingeniosas variaciones en el diseño para obtener el máximo rendimiento del presupuesto aportado por el dueño, siempre dentro de una parcela muy restringida en la que, cumpliendo con las ordenanzas municipales, no podíamos superar los 120 metros cuadrados.