The Forge, el nuevo complejo comercial londinense erigido en colaboración con la promotora Landsec, comprende dos bloques de oficinas de diez plantas cada uno ubicados entre el rascacielos The Shard y el museo de arte Tate Modern, cruzando el Támesis desde la catedral de San Pablo. “Es una zona fantástica de Londres, aunque el solar en sí es muy limitado —reconoce Johnston—. Por eso, arquitectónicamente hablando, el edificio tenía que adaptarse mucho a la ubicación. No se puede construir en esa parte de Londres sin involucrar a un gran número de participantes, así que iba a ser imposible levantar un edificio a partir de componentes de gran tamaño”.
La innovación clave de Bryden Wood para este proyecto fue utilizar un sistema de construcción por plataformas, desarrollado originalmente para prisiones británicas de nueva planta, y aplicarlo a oficinas. Las plataformas modulares de Bryden son componentes prefabricados, estandarizados y adaptados al producto, los cuales se ensamblan en obra utilizando siempre la misma metodología. Es un poco como se producen los automóviles hoy en día: los fabricantes crean un tipo de bastidor, o chasis, y lo aplican a distintos modelos de automóvil. Estas plataformas aceleraron drásticamente la finalización de cada una de las plantas del edificio.
Los componentes de The Forge salvan luces de 9 metros mediante un armazón de acero y hormigón. Las vigas primarias vienen ya con pasos uniformes a medida de las instalaciones y servicios que les correspondan. Las columnas de las plataformas son continuas entre las plantas y están estandarizadas: la planta baja y los primeros pisos cuentan con columnas más gruesas para recibir la carga superior.
“En lugar de inventarnos nuevos sistemas para cada proyecto, hemos podido crear un sistema de componentes al estilo IKEA o Lego con el que podemos construir lo que sea. Todos los componentes encajan y ‘hablan’ entre ellos”, explica Johnston. Además, el enfoque por plataformas ha permitido a los diseñadores de la compañía generar modelos digitales para el edificio de forma automática.
“Introdujimos algunos parámetros clave y automáticamente el programa nos generó un conjunto de datos que describía el edificio y servía de base para el modelo BIM. Era tan rápido que cada vez que hacíamos algún cambio en el edificio, en lugar de tener que volver a ajustar la maqueta, simplemente generábamos una nueva en unos 20 minutos. Fue un antes y un después para nosotros en cuestión de productividad”.
Las mejoras a la precisión y el ahorro de tiempo también han sido impresionantes. Dado que las plataformas llegan ya recortadas y estandarizadas, el tiempo y los materiales que suelen necesitar los gremios que se dedican a los acabados para dejarlo todo perfecto a causa de los distintos grados de tolerancia se redujeron prácticamente a cero.