Un problema mucho más difícil de resolver en los aeropuertos durante la pandemia del COVID-19 es el movimiento de los usuarios: la forma en la que los aeropuertos gestionan los procesos de arribo, check-in, control de seguridad y, finalmente, de embarque. Para aumentar la seguridad de estos procesos, la firma de ingeniería Buro Happold, que forma parte del equipo responsable de un nuevo complejo multiuso en el aeropuerto Jewel Changi, Singapur, ha propuesto que se reimaginen a través de la lente del sector de servicios de alimentación.
“Quien haya trabajado en este sector estará familiarizado con lo que se conoce como el principio CSSD, o sea una central de esterilización”, explica Patti Harburg-Petrich, directora de Buro Happold y también responsable de su división de aviación en la costa occidental de los EE. UU. “En la zona de lavado de cualquier cocina comercial hay tres sectores: uno para las cosas sucias, otro con agua y detergente para lavarlas, y uno con desinfectante donde esterilizarlas. Estos mismos principios pueden aplicarse en los aeropuertos”.
Harburg-Petrich contempla tres zonas para los pasajeros en el aeropuerto: una sucia, para todo lo que esté fuera del aeropuerto, incluso el transporte público, los taxis y los estacionamientos; una zona limpia, donde se desinfecta el equipaje y se realizan los controles sanitarios de los pasajeros, incluidas pruebas rápidas para detectar COVID-19; y una zona estéril —la terminal— donde todo está limpio y es salubre y seguro. “La efectividad de esta metodología, que también se utiliza en hospitales y farmacias, está comprobada”, Harburg-Petrich aclara. El equipo de Buro Happold usa AutoCAD de Autodesk para adaptar y revisar la distribución de las terminales, los planos conceptuales y los diagramas, al igual que InfraWorks para analizar las opciones de distribución en el plan maestro.
Según Harburg-Petrich, en la actualidad los aeropuertos están buscando activamente formas de crear zonas limpias totalmente nuevas. Una idea popular es reacondicionar parte de los bloques de estacionamiento ya existentes. Los aeropuertos podrían convertir uno de los niveles de estas estructuras en una unidad de control sanitario provisoria, o bien añadir una construcción modular en el nivel superior. “Lo que se necesita es un espacio intermedio” acota. “Desde la perspectiva de la ingeniería, tendrá que considerarse si el nivel del estacionamiento necesita paredes adicionales para cerrar este espacio, o si hacen falta distintos tipos de sistemas de ventilación y climatización para asegurar un suministro de aire limpio suficiente”.
Harburg-Petrich destaca que los bloques de estacionamiento son tan solo una de las posibles soluciones, y que estas soluciones deben instituirse como “flexibles y provisorias” para que puedan salvaguardarse y utilizarse en el futuro según los distintos niveles de alerta. Y continúa: “Pueden usarse áreas exteriores o que puedan expandirse con facilidad, incluso aceras o áreas de bajada de pasajeros. También debe contarse con un plan a largo plazo para crear zonas multiuso con funcionalidad accesible que puedan enriquecer la experiencia de los pasajeros aun sin virus de por medio. Por ejemplo, una explanada central podría usarse como espacio comunitario y comercial, con restaurantes y más”.
Harburg-Petrich explica que estos espacios podrían adaptarse para usar en respuesta a una calamidad cuando fuera necesario, no solo durante la pandemia pero también en el caso de cataclismos, o como refugios o centros de coordinación. También considera que no es improbable que surjan otros virus o mutaciones de virus, por lo que es muy importante que los aeropuertos acepten su responsabilidad y desarrollen una estrategia a largo plazo que lo reconozca.
Dado que las zonas limpias no son infalibles, los aeropuertos también están reorganizando las terminales, las áreas de confluencia y las puertas de embarque/desembarque para promover el lavado de manos y el distanciamiento físico. “Nuestra intención es que los pasajeros que ingresen al aeropuerto vayan directamente a donde tienen que ir en lugar de deambular por doquier como probablemente solían hacer”, Harburg-Petrich aclara. “El modelado mediante simulaciones ha sido una herramienta excepcional para este fin. Basándonos en la psicología humana, podemos crear distintos perfiles de conducta —una joven familia, un viajante de negocios, una pareja de edad más avanzada— y determinar el comportamiento de cada uno en el aeropuerto. Después podemos modificar las distintas variables y usar escenarios diferentes para crear una muy buena solución integral que verdaderamente funcione en situaciones reales”.
Steve Bennett, vicepresidente de servicios para la aviación de la firma de ingeniería Swanson Rink, sostiene que muchas de las soluciones que los aeropuertos están sopesando ahora tendrán beneficios a largo plazo después de la pandemia. Basta con considerar, por ejemplo, la cuestión de las colas, que no solo representan un problema de salud pública actual, sino también un trastorno constante.
“En estos momentos los aeropuertos tienen espacio libre en abundancia, y aun así hay colas”, comenta Bennett. “No es una simplificación excesiva sino un verdadero problema en los aeropuertos: hay que eliminar las colas”.
Según Bennett, hay dos tecnologías que pueden ayudar. La primera es la biometría por aproximación, incluido el reconocimiento facial y productos nuevos, ahora ventajosos porque los pasajeros usan mascarillas, tales como el dispositivo biométrico de Keyo, que identifica a los usuarios en menos de un segundo mediante el escaneo sin contacto de la palma de la mano. La segunda tecnología es el procesamiento “con horario exacto”, que permite enviar alertas a los teléfonos móviles de los pasajeros para informarles cuándo llegar al aeropuerto y a la puerta de embarque, y así evitar embotellamientos.
Bennett continúa: “Imagina que atraviesas la puerta de entrada a la terminal y el software de reconocimiento facial te reconoce de inmediato y valida tus credenciales, todo sin tocar absolutamente nada. Entregas tu equipaje en el lugar designado, y sigues caminando porque la línea aérea te reconoce. No hace falta desvestirse y volverse a vestir en los controles de seguridad, porque el sistema de seguridad te reconoce. Y cuando el teléfono te avise que te toca embarcar, caminas directamente hasta el avión porque, una vez más, te reconocen. Si bien este escenario es, por ahora, una ficción total, pienso que es una meta a la que podemos aspirar si implementamos un enfoque sistémico para la aviación”.
Es evidente que existe la demanda de este enfoque, y que también existe la tecnología necesaria. Lo que ha faltado es la disposición de los interesados clave dentro de la aviación a invertir y compartir datos. El COVID-19 podría ser la motivación que los termine de persuadir.
Para concluir, Harburg-Petrich declara: “Somos una comunidad internacional. Y a pesar de que podemos trabajar e interactuar con otros desde nuestras casas, esta pandemia nos ha enseñado que la interacción presencial es muy importante y esencial para nuestra felicidad y éxito. Pienso que los aeropuertos se sienten responsables de crear un ámbito seguro que lo permita”.