La ventaja inmediata de SPLAM como espacio escolar y comunitario es evidente, pero más importante aún es su potencial transformador a largo plazo: a gran escala, el sistema SLT utilizado en el pabellón podría cambiar el sector AEC desde los cimientos.
“Especialmente en esta era de crisis planetaria en la que nos encontramos, tenemos que reconocer el impacto de nuestras ciudades y edificios en el medio ambiente, y hacer lo que podamos para reducirlo —asevera Duncan—. Un proyecto como SPLAM es solo una pequeña parte, pero está pensado para que tenga un impacto más amplio en la cultura de la construcción”.
Los grandes impactos empiezan por pequeñas acciones, según Duncan, que añade que SOM está invirtiendo en proyectos impulsados por trabajos de investigación como SPLAM, porque, más allá de recibir premios y alabanzas, fomentan grandes mejoras en la construcción y el diseño.
Así lo asegura: “En SOM hablamos mucho de la innovación gradual. Es decir, de aprender de lo anterior y basarnos en ello para contribuir con algo nuevo. Como a menudo trabajamos a gran escala en proyectos muy complejos, nos hace falta innovar a base de apoyarnos en nuestras experiencias previas”.
Los proyectos basados en investigación son oportunidades de crear experiencia donde antes no la había: o sea, poner el primer escalón de lo que tal vez algún día se convierta en una gran escalinata que lleve a nuevos grados de eficiencia y productividad. De esa manera, las pruebas conceptuales pueden servir de base para el trabajo que se realice en encargos reales.
Pero este proceso no es algo que ocurra de la noche a la mañana. Para transformar la innovación en aplicaciones prácticas, las empresas patrocinadoras de proyectos de investigación han de invertir en la infraestructura necesaria para ampliar la escala de estos.
“Es curioso que uno de los factores más importantes a la hora de aplicar nuevas ideas es el papel del contratista —comenta Duncan, que recomienda realizar “ensayos de presión” con socios en la construcción para poner a prueba nuevas ideas y determinar cómo de factibles son para las personas que en última instancia vayan a hacerlas realidad—. Una cosa es crear algo en un laboratorio en las condiciones ideales y otra muy distinta es hacer eso mismo en la obra”.
No es suficiente con que una innovación funcione. Cuando lo que te juegas es el dinero de los clientes que te están pagando, la innovación tiene que funcionar de forma tan eficiente y asequible como los métodos y materiales convencionales.
Según Ng: “Para implementar nuevas ideas a una mayor escala, es importante entender el sector de la construcción tal y como es en este momento. Por eso una prueba conceptual no consiste solo en el producto en sí: también depende del proceso y de tener un personal capaz de llevarlo a cabo”.
Para hacer sus visiones realidad, los innovadores han de estar dispuestos a adoptar nuevas funciones y responsabilidades. Las empresas habituadas a trabajos de diseño, ingeniería y edificación, por ejemplo, deberían empezar a adquirir soltura en otras muy distintas, como la enseñanza, la formación y la divulgación.
“Si lo que pretendemos es hacer algo que no se ha hecho antes, es importantísimo salirse del camino prefijado —dice Duncan, que añade que la SLT y otras innovaciones parecidas que puedan darse en el futuro ayudarán a SOM a reducir los costos de construcción y las emisiones de carbono—. Intentamos nivelar la eficiencia medioambiental con la económica, y en ese aspecto, la estructura, concretamente la de entramado de madera, es un área muy prometedora”.